Érase un día sin sol, se marchitaba el alma, Había cesado el canto, prevalecía el llanto, Mas el Dios de consolación, nuestras lágrimas seco, Nos confortó, nos consoló, otro Apóstol nos dio.
Y el sol volvió a salir, y su fulgor nos inundó, Y con su resplandor la oscuridad se disipó, Huyó la tristeza, cesó el sollozo, Dios con su gracia, todo, transformó en gozo.
2.Había gemidos, preguntas sin respuesta, ¿Quién nos va a dirigir, hacia la vida eterna?, Mas de nuevo volvió la canción, y el pueblo a sonreír, Dios escuchó, nos respondió, volvimos a vivir.
3.Un hombre fuerte, cuarenta y cinco años, Su mente iluminada, sus labios sin engaño, Nos lo dio por padre el Señor, Nos pródiga su Elección, felicidad, dicha sin par, nos pródiga su amor.
Himnario LLDM-PRO
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